viernes, 26 de junio de 2009

Honduras: la hora del pueblo


Por Daynet Rodríguez

Pudiera pensarse que todo comenzó con la propuesta del presidente hondureño Manuel Zelaya, de consultarle al pueblo si quiere votar en una cuarta urna en las elecciones de noviembre. Además de elegir el ejecutivo, el legislativo y las alcadías, en dicha urna se le preguntaría si acepta una Asamblea Constituyente para preparar una nueva Carta Magna. Esa iniciativa, que significa remover la política tradicional, desencadenó la serie de acontecimientos que han puesto a Honduras hoy en medio de una crisis: el desacuerdo de los militares para apoyar el referendo, la destitución del jefe del Estado Mayor Conjunto, la exigencia del Tribunal Supremo de restituir al general y por último, la alianza entre el presidente y el pueblo para recuperar la logística electoral, incautada por el Ministero Público. Es una breve cronología.
Pero hace rato que Zelaya se mueve raro, muy raro. Siendo miembro de una de las familias más influyentes de Honduras, con grandes negocios madereros y ganaderos, representante del sector privado, ¿quién iba a pensar que haría cosas como estas?: perseguir la evasión fiscal, eliminar el monopolio de la importación de combustible, enfrentarse al Congreso Nacional, incrementar el salario mínimo, tener una política exterior de acercamiento con América Latina y en particular con las naciones del ALBA, acercarse al pueblo. Un comportamiento que muy pocos esperaban y que se ha convertido en la verdadera razón de la crisis actual, calificada como un intento de golpe de estado por Zelaya y por más de una organización internacional.
Varios en nuestra Redacción se preguntan cómo terminará todo en la nación centroamericana. La mayoría de las predicciones que he leído hablan de que el Congreso ordenará la destitución presidencial bajo argumentos "seudo-legales". Ojalá las soluciones no sean tan drásticas. Pero con toda la cúpula militar y política en su contra, Zelaya tiene como única salida al pueblo. No recuerdo que el valor de los hondureños se haya puesto a prueba antes, en favor de un presidente. Se le ha presionado, sí, para resistir a las Juntas militares, a las consecuencias del neoliberalismo, al ajuste y el reajuste de una economía que nunca los favorece. Ahora ha llegado su momento, como antes en Cuba, Venezuela, Ecuador o Bolivia, aunque muy pocos confíen en este nuevo protagonismo.

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