martes, 29 de marzo de 2011

Obama, o la mala costumbre de mirar a otro lado


Por Daynet Rodríguez Sotomayor

Acabo de leer algunos reportes sobre el discurso de Obama y su defensa de los bombardeos de la OTAN en Libia. Y la verdad, no tienen desperdicio. Los recomiendo, especialmente una cita: no haber intervenido en Libia hubiera "traicionado lo que somos". Porque el presidente norteamericano, desde su impecable oratoria, su perspectiva de "salvador del mundo" y sus argumentos morales, acaba de tener un rapto de sinceridad: EEUU no sería EEUU, hubiera traicionado su esencia imperialista, si no hubiera presionado y finalmente liderado una guerra en Libia, aunque el líder evitara usar la palabrita guerra en su mensaje. En su intento por convencer a la sociedad norteamericana, harta de Irak y Afganistán, e indiferente a los pesares de los libios, Obama aportó otras elocuentes citas: "Algunos países pueden ser capaces de hacer la vista gorda ante las atrocidades en otras naciones. EEUU es diferente. Y como presidente, rechacé esperar a ver las imágenes de matanzas y de fosas comunes antes de tomar medidas". Nunca mejor mostrado el doble rasero de Norteamérica y de las potencias occidentales que le han acompañado en esta nueva cruzada. Porque hoy todos sabemos que se han hecho la vista gorda con las represiones en Bahrein y Yemen, han ignorado olímpicamente las violaciones de los DDHH en su fuerte aliado en la región: Arabia Saudita, y tampoco han reaccionado, sino más bien apoyado, todas las versiones de Plomo Fundido de Israel contra Palestina. ¿Por qué Obama, que habla de fosas comunes, no ha decidido tomar cartas en el asunto con Colombia, donde se reveló no hace mucho una monumental fosa con más de 2 mil cadáveres? Y ya que somos tan moralistas y tan radicales: ¿por qué EEUU no se invadió a sí mismo, tras las funestas imágenes de torturas en Abu Grahib, o ahora, cuando se conoció de un Kill Team en Afganistán, que mata y posa alegremente con sus víctimas, en una morbosidad inaudita? Obama, el salvador, tiene la misma mala de costumbre de sus antecesores, la mala costumbre de mirar a otro lado.

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