viernes, 1 de abril de 2011

#64NUNCAMAIS

Dorme minha pequena,
não vale a pena despertar.
Eu vou sair
por aí afora
atrás da aurora
mais serena.
Acalanto para Helena. Chico Buarque

Por Daynet Rodríguez Sotomayor

Ayer la curiosidad llegó con un tweet: "Los brasileños afirman #64NUNCAMAIS". ¿Qué recordaban los amigos tuiteros de aquel país? ¿Por qué esos 140 caracteres, a todas luces una declaración de principios? Tuve que buscar la lista de Twitter... y luego Google, para caer en cuenta que hace 47 años, por el gigante sudamericano comenzó la historia de las dictaduras militares que asolaron Sudámerica. De la tragedia brasileña lo primero que me vino a la mente fue la canción de cuna de Chico Buarque, ese Acalanto- súplica a la niña para que siguiera durmiendo, porque no valía la pena despertar. Y que muchos músicos trovadores como Chico tuvieron que buscar esas sutiles maneras para denunciar, y cuando ya era demasiado insostenible, les tocó el destierro. Se me dibujó el ambiente opresivo de las novelas negras de Rubem Fonseca, como Agosto, donde cuenta la caída de Getulio Vargas y más que eso, la degradación moral de toda una sociedad. Quizás se sumara alguna que otra película, y el fragmento de la biografía de la actual presidenta Dilma Rouseff: ex-guerrillera, presa y torturada... pero la verdad es que de la dictadura brasileña, del desgarramiento humano, se sabe muy poco. Tras el golpe de Argentina, unos 30 mil desaparecidos y una Historia oficial que no acaba de cerrar; tras la asonada pinochetista, el asesinato de Allende, de Jara, la imagen de un estadio de torturas y lamentos, Amanda, las alamedas abiertas nuevamente... Pero, ¿en qué Brasil no valía la pena despertar? Aún se desconoce cuántas victimas dejó la brutal represión contra los movimientos y partidos de izquierda, ni cómo fueron asesinados. Una ley de amnistía aprobada por la dictadura en 1979 impide la investigación de las violaciones a los derechos humanos. Y no fue hasta hace tres años que se pudo probar la participación de EE.UU., aunque se había denunciado muchas veces. Solo esta anécdota vale más que mil papeles secretos: cuentan que dos días después del golpe, desde la Casa Blanca llegaban los "más calurosos deseos" del presidente Jhonson, quien admiró "la voluntad decidida de la comunidad brasileña por resolver estas dificultades (el gobierno populista, supongo) en el marco de la democracia constitucional...(¡sic!)". Nótese que desde entonces, desde antes, nos persigue la farsa democrática. Pero los brasileños no descansan en la lucha por el rescate de la memoria, mientras sigan las venas abiertas. Con el gobierno de Lula, se comenzaron a abrir algunos de los archivos secretos del Estado. Y la presidenta Dilma, que sufrió en carne propia esos años, ha prometido instaurar una Comisión de la Verdad. Los militares se resisten; pero el pasado siempre vuelve. #64NUNCAMAIS.

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