Daynet Rodríguez Sotomayor
En los últimos tiempos es frecuente escuchar o
leer, en los principales medios de comunicación del mundo, noticias relacionadas
con el Bitcoin, ya sea porque su uso fue prohibido en algún país, o porque su
valor se disparó a las nubes, sobre todo a partir del 27 de noviembre de 2013,
cuando superó el umbral de los 1000 dólares por primera vez y reportaba un
incremento de 4000 % desde el comienzo de ese año (1). ¿Cómo surgió y qué ha
hecho tan atractivo, o no, el bitcoin? ¿Cómo entenderlo en el actual contexto
de la economía internacional? Hagamos, primero, un poco de historia. El Bitcoin
(2), como la asociación de esas dos palabras inglesas indica (bit y coin), es
una moneda digital P2P (peer to peer) de código abierto, un protocolo y un
software, todo bajo el mismo nombre, que fue presentado en un ensayo en el 2008
y luego entró en funcionamiento en enero de 2009 (3). Su origen viene cargado
de cierto morbo, porque no se sabe a ciencia cierta quien lo creó: se le
atribuye a una persona (o grupo de personas), que bajo el seudónimo de Satoshi
Nakamoto, publicó una propuesta de un sistema de transacciones electrónicas que
no depende de la confianza en que los bancos no devaluarán tus ahorros, sino
que permite realizar transferencias de forma directa sin la necesidad de un
intermediario. Bajo ese presupuesto, las operaciones y el respaldo del bitcoin
son descentralizados, no responden a la política monetaria de gobierno alguno ni
tampoco dependen de un emisor central o un banco central. Otra precisión
fundamental es que Nakamoto, fuera quien fuera, previó crear entre el año 2009
y el año 2033 un total de 21 millones exactos de BITCOIN (4), ni más ni menos,
toda vez que es un archivo informático con datos encriptados que es único e
irrepetible. Además, no es la única, existen otras 28 monedas virtuales
registradas y contabilizadas por la revista Forbes, pero el bitcoin es la más
importante y mundializada.
Según el sitio digital oficial https://bitcoin.org/es/, que tiene versiones
en varios idiomas, este sistema ofrece transacciones instantáneas punto a
punto, pagos en todo el mundo, y bajos o cero costos de procesamiento. Para las
personas naturales se presenta como “la forma más sencilla de cambiar el dinero
a un costo muy bajo” y otro de sus slogans preferidos es que ¡la red bitcoin
nunca duerme, incluso en vacaciones! Pero los principales incentivos para las
personas podrían ser la posibilidad de pagos móviles de forma muy fácil (en los
celulares permite pagar en dos pasos con tan solo escanear-y-pagar. No hay
necesidad de pasar la tarjeta, escribir un número de identificación personal o
firmar cualquier cosa); las transacciones seguras (supuestamente amparadas en
una criptografía de grado militar y con buen nivel de protección contra muchos
tipos de fraude); y los pagos rápidos (como no dependen de ningún banco que
retrase el proceso pueden hacerse transacciones de un continente a otro en muy
poco tiempo). Mientras, para las empresas oferta, según el propio sitio, las
tarifas más bajas, casi libre de comisiones (solo se paga una pequeña cuota si
se quiere aumentar la prioridad de la transacción); protección contra el
fraude, visibilidad gratis, transparencia contable, entre otras muchas prestaciones.
Pero esa es la publicidad. Antes hay que conseguir los bitcoins.
¿Cómo se obtienen los bitcoin?
¿Cómo se obtienen los bitcoin?
De acuerdo con los expertos, esencialmente
existen dos maneras de obtener bitcoins: a través de lo que se ha dado en
llamar la MINERÍA, “que simplificadamente, consiste en ceder parte de
la capacidad de cómputo de nuestro ordenador para formar parte de los nodos de
la red bitcoin que valida las transacciones y crea los Bitcoin. A cambio la red
nos “paga/premia” con los nuevos Bitcoin atendiendo a la capacidad de cómputo
que cedes” (5).
