miércoles, 20 de octubre de 2010

EN VIDEO: ¿Cómo afecta el bloqueo de EEUU a las telecomunicaciones de Cuba?

Otros muros

Por Washington Uranga

Según Angela Merkel, la canciller alemana, el modelo de sociedad multicultural “fracasó totalmente” y ello es argumento más que suficiente para proclamar que quien no acepta los “valores” de la cultura dominante (no lo dijo en estos términos, pero sí en este sentido) “no tiene lugar” en la sociedad alemana. Puede parecer brutal. Y lo es. Pero en todo caso la canciller alemana ha cometido un suerte de “sincericidio” expresando lo que otros dirigentes de diferentes naciones europeas vienen aplicando en la práctica desde hace mucho tiempo. ¿O acaso Francia, Bélgica, Noruega, Dinamarca, Suecia, Holanda, Austria, Suiza o Italia no ejecutan políticas discriminatarios para los migrantes que apuntan en el mismo sentido? E incluso más amplio: ¿no existen movimientos en Europa que señalan a los inmigrantes como la causa de su crisis y exaltan la “pureza” de sus propias raíces culturales? Los argentinos nos estamos acostumbrando a que nuestros ciudadanos y ciudadanas, por motivos distintos o por ningún motivo, sean rechazados o expulsados de la “madre patria”. El gobierno que se dice progresista del Partido Socialista Español no tiene ni siquiera mala conciencia para segregar y expulsar sin razones. Como sostiene Angela Merkel, la multiculturalidad “fracasó totalmente”. Y lo explica bien. “Vinieron como mano de obra –dice– y pensamos que se irían.” ¡Oh! Sorpresa... Se quedaron y son diferentes.
A caballo de la globalización, una de las características del tiempo que vivimos es precisamente la aceleración y profundización de las corrientes migratorias. En ese marco la aceptación de la multiculturalidad, partiendo de la base de la cohabitación de diferentes culturas, como consecuencia directa, el reconocimiento de la diversidad y de la pluralidad como una riqueza deberían ser moneda corriente. Somos diferentes, vivimos en el mismo mundo-espacio y nos enriquecemos en el diálogo intercultural.
No. El criterio es otro. Conservador y autoritario. Fuera los diferentes, que también puede traducirse en lejos los pobres, los marginados, los que tienen otras capacidades. Merkel lo dijo con claridad expresando el sentir del “primer mundo” y de otros lideres que actúan, sea construyendo muros legales, simbólicos, políticos o materiales. En todo caso: muros. Sin importar la forma. En el mundo que se dice globalizado e hipercomunicado, construir más muros y segregar más personas. ¿Tendrá algo que ver esto con los derechos humanos?

Campaña por los Cinco en el Washington Post

martes, 19 de octubre de 2010

El 60% de los hondureños vive en situación de pobreza

El legado de Roberto Micheletti ahogará a Honduras por mucho tiempo. El Instituto Nacional de Estadísticas ha desvelado un panorama económico desolador, que pone el dedo sobre la nefasta gestión del golpista que derrocó al presidente Manuel Zelaya en 2009. Las cifras son aterradoras: el 60% de los hondureños vive en la pobreza, lacra que ha aumentado en más de un punto a partir del golpe. Casi cinco millones no tienen dinero ni para la cesta básica familiar. Entre ellos, tres millones viven en extrema pobreza, una vida llena de penalidades y de una alimentación deficiente.
Las alarmas que economistas y miembros de la cooperación internacional hicieron sonar durante los siete meses de gestión de Micheletti (desde el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 hasta la toma de posesión de Porfirio Lobo en enero pasado) no encontraron ningún eco en el Gabinete del que fuera presidente de facto. A los sempiternos problemas económicos del país-laboratorio del capitalismo más salvaje en la región se le unió el despilfarro de Micheletti, que gastó más de 600 millones de dólares en distintos operativos, incluida la represión violenta de la Resistencia.
Las acciones políticas dejan huella. Y desde el pasado sábado se conocen algunas de ellas. El impacto económico en este "país quebrado", de "economía caótica" según confesó el propio presidente Lobo al recibir el Gobierno de manos de Micheletti, ha golpeado sobremanera al empleo. La cifra alcanzada es un récord: el 36% de la población activa, al menos 1.700.000 hondureños, está en paro o subempleada. "La dictadura de Micheletti saqueó las finanzas y agudizó la extrema pobreza. La oligarquía goza de todos los privilegios fiscales, no pagan impuestos, no contribuyen y además nos atacan con el alto costo de los combustibles", denunció Rasel Tomé, la mano derecha en Honduras del ex presidente Zelaya.
Agencias

Francia sigue parapetada

Fotos: Reuters

Unas 480 mil personas han participado hoy en las manifestaciones celebradas hasta mediodía en Francia contra la reforma de las pensiones del Gobierno de Nicolas Sarkozy, en la novena jornada de huelga general contra el proyecto.
Este martes se prevé más de 150 manifestaciones en todo el territorio francés, aunque la que se presume multitudinaria será la que se celebre en París a lo largo de la tarde.

América Latina: las aguas revueltas del cambio

Aunque con dificultades crecientes, en América Latina la izquierda sigue ganando elecciones y sobreviviendo a sus desafíos. El pasado 26 de septiembre, en los comicios para elegir diputados a la Asamblea Nacional, el partido de Chávez y sus aliados obtuvieron 98 escaños, contra 65 que alcanzó la coalición opositora. En Brasil, el 3 de octubre, la candidata oficialista a la presidencia, Dilma Rouseff, triunfó en la primera vuelta, pero necesitará medir fuerzas en la segunda con José Serra. En Ecuador, el 30 de septiembre, Rafael Correa sobrevivió a una sublevación de una parte de la policía y del Ejército.
En la década de 1980, América Latina salió de la noche de las dictaduras militares y la represión, con la esperanza de que la democracia traería la justicia social. No fue así. Obligados a acatar las medidas del consenso de Washington, los gobiernos en turno remataron los bienes públicos en ventas de garaje, principalmente al capital español. Insertos, débil y mal, en el capitalismo globalizado, los países del área se dividieron entre una pequeña elite beneficiada y amplios sectores de la población que quedaron fuera de sus beneficios.
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domingo, 17 de octubre de 2010

Merkel: "Quién no aprenda alemán no es bienvenido"

La xenofobia toma fuerza en momentos en que Europa vive una tragedia laboral. Aunque a veces se disfraza en la incapacidad de los inmigrantes para integrarse a las sociedades que los acogen. Como es el caso de las declaraciones de la canciller alemana, Angela Merkel, quien ha afirmado que el concepto de sociedad "multikulti" -la sociedad multicultural alemana- ha fracasado, en un discurso ante integrantes de la organización juvenil de su partido, la Unión Cristiano Demócrata (CDU) en un encuentro celebrado en Postdam.
"A principios de los 60 nuestro país convocaba a los trabajadores extranjeros para venir a trabajar a Alemania y ahora viven en nuestro país (...). Nos hemos engañado a nosotros mismos. Dijimos: 'No se van a quedar, en algún momento se irán'. Pero esto no es así", afirmó Merkel, según recoge la BBC.
"Y, por supuesto, esta perspectiva de una (sociedad) multicultural, de vivir juntos y disfrutar del otro (...) ha fracasado, fracasado totalmente", apostilló.
En su discurso se refirió expresamente a las recientes declaraciones del presidente alemán, Christian Wulff, quien dijo que el Islam forma "parte de Alemania" como el cristianismo o el judaísmo. Merkel reconoció que es así, pero señaló que los inmigrantes que viven en el país deben hacer más para integrarse, como, por ejemplo, aprender alemán. "Quienquiera que no aprenda inmediatamente alemán, no es bienvenido", dijo.
PD (comentario enviado a Publico, imperdible): Heil Merkel tus ciudadanos arios te saludan Por cierto, la ciudad alemana no es Postdam, sino Potsdam. El redactor de Público no sería bienvenido a la Deutschland Über Alles (Alemania por encima de todo) Ahora en vez de la proclama nazi Arbeit macht frei (el trabajo os hará libres) será Deutsch mach frei (el alemán os hará libres)Firmado: Dherzinsky

Estudio de Comisión Europea revela gravedad del desempleo

El 38 por ciento de los europeos tiene un familiar o amigo que ha perdido su trabajo a raíz de la crisis económica, mientras que 3.5 por ciento de ellos perdieron personalmente algún empleo, reveló hoy un estudio.
El analisis, difundido por la Comisión Europea (CE), evalúa la influencia de la crisis sobre la actual tasa de paro en la Unión Europea (UE), que alcanza ya al 10 por ciento de su población económicamente activa y afecta de forma especial a jóvenes entre 15 y 24 años.
Para ello fueron entrevistados en septiembre más de 27 mil 700 personas mayores de 15 años de edad en los 27 países del bloque.
Los resultados indican que los mercados de trabajo más afectados por la crisis son los de Letonia, Lituania, España e Irlanda, mientras que las menores pérdidas se observaron en Luxemburgo, Grecia y Holanda.
Entre los europeos que tienen actualmente un trabajo, el 32 por ciento está 'muy preocupado con la posibilidad de perder su empleo a causa de la crisis, 38 por ciento teme que eso pase a su pareja y 47 por ciento teme por sus hijos.
La preocupación acerca de la pérdida del trabajo se explica por el hecho de que al menos siete entre cada 10 europeos sienten que lo peor de la crisis económica aún está por venir', explicó la CE.
PL

Perdido

Por Santiago O’Donnell

Estamos con Obama, el hombre más poderoso del mundo. Hace dos años llegó a la Casa Blanca empujado por un aluvión, Ahora, a veinte días de su primera elección como presidente, ya sabe que va a perder.
Según nos cuenta la revista del New York Times, se la pasa leyendo las biografías de Reagan y Clinton, dos tipos que también perdieron su primera elección legislativa como presidentes, pero después se recuperaron para ganar la reelección.
Obama sabe que va a perder y les echa la culpa a la economía, a la herencia recibida de la peor crisis de la historia. Se consuela sabiendo que Reagan y Clinton perdieron con el desempleo a la mitad de lo que lo tiene él. Sabe que a pesar de todo su índice de aprobación del 45 por ciento no es peor que el de sus ilustres antecesores antes de sus respectivas derrotas electorales, y además supera el del Congreso y el de los dos partidos políticos. O sea, el desencanto es generalizado, razona Obama, hubo que tomar algunas medidas drásticas, hay que esperar a que empiecen a surtir efecto.
Dice eso, pero sabe que va a perder. Tenía, tiene, mayorías cómodas en las dos cámaras. Ahora, según las encuestas, según las tendencias, según el estado de ánimo general, va a quedar con minoría en la Cámara de Representantes, y podría retener el Senado por un solo voto si le va bien en algunas elecciones clave, como la del estado de Washington. En todo caso va a perder y lo sabe, por eso lee los libros que lee.
El dice que va a perder porque le toca perder, pero debe haber otras razones, lo debe saber. Porque no es fácil ganar una elección desde el oficialismo cuando la economía anda mal, pero tampoco es imposible. Tiene que haber otras razones. Lo saben los estadounidenses.
Tampoco será una derrota gratuita. Se puede gobernar con minorías parlamentarias, pero por cada Clinton y Reagan hay decenas de políticos que después de perder no pudieron dar vuelta la situación. Como sea, no va a ser gratis. Para dar vuelta la situación Obama tendrá que cambiar lo que viene haciendo.
Ahí se abre todo un menú de opciones que va desde poner toda la carne al asador hasta no hacer nada que pueda complicar la reelección, dejando para después las cosas importantes, si es que hay un después. Pero primero va a perder.
Obama arrancó su gobierno subido a la ola de una movilización sin precedentes. Marcó un hito al convertirse en el primer presidente negro de los Estados Unidos. La campaña que lo catapultó a la presidencia en el 2008 se caracterizó por grandes movilizaciones que llenaron parques y estadios. Esa movilización tuvo su correlato en el universo virtual, donde a partir del uso de nuevas tecnologías, una red de apoyo a Obama ayudó a politizar a un electorado escéptico y apático, sobre todo a los jóvenes, en un país donde el voto es opcional y la mitad de la gente no lo ejerce.
A toda esa gente Obama movilizó y politizó con un discurso que une dos promesas. Por un lado, la promesa de grandes cambios. Estados Unidos enfrentaba una crisis sin precedentes. No sólo económica sino también de identidad. El país parecía atrapado entre un consumismo desenfrenado que no podía sostener y una guerra en Irak por un falso arsenal de armas químicas. En sus discursos de campaña, Obama prometía cambiar todo con cadencia de evangelista, en un crescendo fervoroso, llevando a sus seguidores a algo cercano al frenesí.
Por el otro, la promesa de unir al país. La guerra y la revolución cultural de Bush hijo habían partido al país en dos bandos cada vez más enojados. Toda esa movida religiosa de Bush de cuestionar la ciencia, de frenar investigaciones médicas, de atacar a las minorías sexuales y el derecho al aborto. La tortura, los secuestros, la humillaciones en las cárceles. Mucha gente enojada. Obama trató a Bush como un señor. Ya lo había dicho en la campaña, sin el fervor con que prometía el cambio, sino con un tono solemne, institucional: Todos estaban convocados, todos serían escuchados, a veces se aprende más del otro, para los grandes cambios hacen falta grandes consensos.
Expresadas en el “¡Sí, podemos!” que coreaba la gente, las promesas parecían dos caras de la misma moneda. La de unir apelaba a las masas, la de cambio entusiasmaba a los activistas.
Pero a la hora de ser cumplidas las promesas terminaron enfrentadas. Una y otra vez Obama debió elegir a quiénes decepcionar: a los que pedían cambiar o a los que pedían armonía. Terminó decepcionando a los dos.
La promesa de grandes cambios Obama la cumplió a medias y un poquito más, según su propia cuenta. La promesa de unir al país le costó caro y aun así no la pudo cumplir. Para el hombre más poderoso del mundo dos promesas pueden ser demasiadas.
De las cinco grandes reformas que se fijó Obama para su presidencia, él dice haber cumplido tres: reforma de salud, reforma educativa y reforma financiera. Faltan las reformas de inmigración y de uso de energía. Las reformas las consiguió en el Congreso, pero no como él hubiera querido.
La reforma educativa le salió bien, la metió en el megapaquete del rescate económico. Se trata de un importante programa de subsidios federales otorgados por concurso a los estados con programas más innovadores para mejorar el rendimiento en los distritos escolares con problemas. Es un programa que va creciendo a medida que los estados van mejorando. El año que viene va a entregar más de mil millones de dólares.
Después de la reforma educativa vino la reforma más ambiciosa, la del sistema de salud. Esa no le salió tan bien. Obama se pasó más de un año y medio buscando un acuerdo con los republicanos y nunca lo consiguió. Terminó cediendo en al menos un aspecto clave del plan, la opción pública, la posibilidad del Estado de competir en el mercado de la salud. Hizo todo tipo de concesiones, pero al final Obama tuvo que sacar la ley con su propia mayoría y ni un voto más, cosa que podría haber hecho desde el principio. Se hubiera ahorrado un año y medio. Esto se hacía bastante evidente en un país golpeado por la crisis, ni hablar de un par de guerras que no iban nada bien. Obama ya estaba perdiendo.
Entonces pasó la reforma de salud y enseguida se puso a sacar la reforma financiera, esta vez sin tanto franeleo. No le dedicó mucho tiempo a la idea de “unir el país”. Presentó la reforma y la impuso con su mayoría demócrata en un Congreso ya completamente partido en dos bloques monolíticos e irreconciliables. Todo esto en medio de estallidos raciales, paranoia antiterrorista y mucho desempleo.
Del descontento surgió un movimiento libertario ultraconservador, el Tea Party, alimentado por grandes corporaciones, no para romper el sistema sino para darle expresión política a su lobby mediático.
Está dicho que el franeleo con los republicanos a Obama le costó caro. Por ejemplo, “el nuevo comienzo” con América latina. Sacrificado en medio del golpe de Honduras, con un abrupto cambio de “policy”, en el contexto de las negociaciones por la reforma de la salud. Después de condenar el golpe de Honduras con toda la región en la OEA, después de negociar con Lula la vuelta del presidente Zelaya, Obama negoció un arreglo con los republicanos del Congreso y dejó pagando a toda la región. Se cortó solo y apoyó la continuidad del régimen golpista con elecciones bajo estado de sitio y el presidente legítimo encerrado en una embajada. A cambio de eso los republicanos destrabaron el nombramiento del secretario de Estado para la región, Arturo Valenzuela.
También hubo concesiones en derechos humanos. Obama continuó buena parte de las directivas secretas de Bush en la guerra contra el terror, y Guantánamo está lejos de haberse cerrado.
Si bien es cierto que su promesa de terminar la guerra en Irak vino acompañada de otra promesa de ganar la de Afganistán, muchos votantes de Obama lo votaron porque estaban cansados de las guerras y del espíritu belicista de Bush.
Obama también hizo costosas concesiones en política ambiental. La negativa de su gobierno a reducir las emisiones de gases tóxicos al nivel recomendado fue determinante en el fracaso de la cumbre ambiental de Copenhague.
Mucho más caro le salió el derrame petrolero. Durante la campaña presidencial Obama se había opuesto a la perforación costera. Pero para cerrar el paquete de estímulo revirtió su posición y autorizó algunas perforaciones. Levantó una moratoria que databa de los tiempos de Bush padre, indignando a los ambientalistas. Al poco tiempo ocurrió el derrame del Golfo. Para qué. Esas cosas se pagan.
Ahora que sabe que va a perder, Obama está pensando en lo que va a hacer de acá a la próxima elección, la del 2012, la presidencial, la que cuenta. Tiene dos cuentas pendientes: la reforma energética y la reforma migratoria. Después está la agenda internacional: paz en Medio Oriente, acuerdo con los rusos, etc. etc.
Lo más importante: control del partido. La tropa tranquila. Que no le salga un rival en la interna. Después, hay que ver qué pasa en el Congreso. Si llegan muchos candidatos Tea Party va a ser más difícil hacer acuerdos, ni hablar de blanquear a doce millones de inmigrantes.
A Obama no le fue bien buscando acuerdos cuando tenía una mayoría. Ahora no le va a quedar más remedio. Pero tendrá que ver con quién los busca, si por adentro o por afuera del liderazgo republicano.
Hace cálculos políticos, cálculos electorales. Dice que el amor de las masas va y viene. Que la magia está intacta, esperando su momento. Es el hombre más poderoso del mundo, el más ganador. Lleva dos años sacando al planeta de la peor crisis de la historia, o al menos eso debe pensar. Le sobra autoestima.
Ahora le toca perder. Eso lo sabe, eso lo acepta. Pero no da muestras de saber que perdió, ni cómo, ni dónde, ni cuándo. Es posible que entienda que perdió mucho más que la elección que va a perder. Quizá lo sabe pero no lo puede mostrar, porque el poder no admite dudas.
Pero parece un poco perdido ahí solito en la cima, desde donde todo se ve demasiado bien.

Los franceses reiteran su "no" al recorte de pensiones

Más de dos millones de franceses volvieron a salir ayer a la calle de buen humor para oponerse al recorte de pensiones públicas programado por Nicolas Sarkozy. Las marchas sirvieron para arropar y defender las huelgas y bloqueos de las 12 refinerías del país, cuando empieza a cundir el pánico entre cientos de miles de automovilistas. Las autoridades francesas se vieron obligadas ayer a reconocer que el principal aeropuerto internacional, París-Roissy, estaba casi a seco de queroseno, pocas horas antes de que un portavoz oficial anunciara finalmente la reapertura del oleoducto que surte al aeródromo.
"Los viejos en la miseria, los jóvenes malviviendo: esa sociedad no la queremos". Este eslogan ha ido ganando peso en las ocho jornadas de acción y manifestaciones que ha vivido Francia en el intento de parar la reforma. Y ayer fue el más repetido por todo el país en las más de 260 marchas organizadas. El lema se ha convertido en el resumen del sentir de los franceses, tanto en la calle como en sondeos que indican una oposición del 70% de la opinión pública al recorte de pensiones y un apoyo del 60% al movimiento social.
La guerra de cifras de ayer entre el Ministerio de Interior y los sindicatos se saldó de nuevo con una disparidad enorme. La policía contó 825.000 manifestantes en todo el país, cosa que permitió al Gobierno, por boca del ministro de Trabajo, Eric Woerth, afirmar: "Hay menos manifestantes".
El principal sindicato francés, la Confederación General del Trabajo (CGT), contabilizó "casi tres millones" de personas en las marchas, lo que también equivale a reconocer que hubo menos participación que el pasado 12 de octubre.
Dos grandes cortejos

A la luz de lo observado en París, con dos cortejos separados por grandes bulevares del este entre la Plaza de la República y la Plaza de la Nación, la cifra real de manifestantes parece más cerca de lo que dicen los sindicatos que del recuento policial. Los agentes sólo vieron a 50.000 personas en la capital, mientras que los sindicatos contaron unas 310.000. Según periodistas franceses, probablemente había más de 50.000 personas en cada uno de los dos cortejos.
Con el cálculo de la policía o de los sindicatos en la mano, la consecuencia es la misma. El movimiento alcanzó en las marchas del 12 de octubre, con casi 3,5 millones de personas, probablemente todo lo que puede dar en términos de manifestaciones pacíficas. La protesta de ayer también lo fue; sólo se produjo algún incidente aislado, como el enfrentamiento entre unos jóvenes, que rompieron algunos escaparates, y la policía, que terminó con 30 detenciones en la parisina Plaza de la Bastilla.
Cierto es que ocho jornadas de acción en casi ocho meses es mucho para los pies de los ciudadanos. Pero lo relevante de la jornada de ayer fue su significado político. La determinación de los manifestantes es feroz y sus argumentos están razonados frente a un Gobierno que repite que lo que hace es salvar las pensiones.
Como los argumentos de Juliette, de 25 años, que viene del departamento más popular de la periferia de París, el llamado Neuf Trois (Nueve Tres). Bajo su pancarta entre gore y gótica hecha a mano con la inscripción "Metro, curro, y a la tumba", explica: "Precisamente porque somos jóvenes se trata de luchar contra esta vida en la que nos proponen que trabajemos hasta la muerte".
A la intervención capciosa del periodista que destaca que el Gobierno dice que la reforma busca salvar las pensiones futuras de los jóvenes, la chica responde: "Miente. Precisamente es lo contrario: el Gobierno aplaza la entrada en vigor de la reforma y seremos sobre todo nosotros quienes cargaremos con la obligación de trabajar hasta viejos".
Esto es exacto. Las disposiciones para retrasar la edad de jubilación y aumentar los períodos de cotización obligatorios entrarán en vigor, de aprobarse la reforma, a partir de 2023. Quienes hoy tienen menos de 50 años pagarán la factura más elevada del plan.
Son numerosos los ejemplos de jóvenes con ese estado de ánimo: el de defender un modelo social. Y son también numerosos quienes se dicen dispuestos a mantener su apoyo a los huelguistas de las refinerías e ir hasta un bloqueo del país. Como Juliette: "Sí, los apoyo al 100% y los apoyaré. Iré a unirme al bloqueo si es necesario en bicicleta o a pie".
Porque las 12 refinerías del país están en huelga y diez de ellas paralizadas o en curso de paralización. El resultado, de momento, es que "230 gasolineras de un total de casi 13.000 (un 2%) están sin carburante", según la ministra de Economía, Christine Lagarde. Si se le suman las gasolineras en las que ciertos carburantes ya no están disponibles, es más del 10% de los puntos de abastecimiento.
Los medios franceses dieron cuenta ayer de numerosas gasolineras en las que las colas se ven ya desde lejos y el ministro Woerth pidió a los automovilistas que "no cedan al pánico". Es tarde. Según las petroleras, el consumo de carburantes se ha duplicado en esta semana.
"Operaciones puñetazo"

El bloqueo de los obreros de refinerías y depósitos intermedios de carburante empezó ayer a recibir apoyo de los camioneros, cuyo sindicato les ha pedido que se sumen al movimiento. A partir del lunes, la CGT va a empezar a organizar "operaciones puñetazo" en un tercer sector estratégico: los empleados de los blindados de transportes de fondos iniciarán huelgas destinadas a perturbar esa actividad clave para la banca y los hipermercados. Como todas las acciones anteriores, serán organizadas de forma que resten el mínimo de horas de sueldo a los trabajadores, conserven el apoyo de la opinión pública y provoquen el máximo daño a la gran patronal.
El Senado proseguía anteayer y ayer sus debates. Pero ya no lo hace como si nada. Por tercera vez consecutiva, se registró un fenómeno extraño: los senadores rechazaron el aumento de la edad de jubilación de los enfermeros, después de haberlo hecho con la de los militares y la de los parlamentarios. Tras 18 modificaciones del proyecto de ley, una cosa está clara: ésta mantiene regímenes distintos de jubilación por profesiones (una diferencia que nadie comprende) y, tras el Senado, deberá ir a una Comisión Mixta antes de regresar al pleno.
El martes, una nueva jornada de manifestaciones familiares en todo el país arropará a los huelguistas. Entre tanto, y a convocatoria de la CGT, los ferroviarios endurecerán a partir del lunes su propia huelga.
Publico